El Envío de los Ángeles



EL ENVÍO DE LOS ÁNGELES 


Padre eterno que creaste todo en el cielo y en la tierra para tu gloria y alabanza, nosotros te agradecemos, pues nos creaste y nos diste la gran dignidad de ser tus hijos, y nos confiaste a la protección y guía de los Santos Ángeles, nuestros hermanos celestes.

 Y, juntamente con ellos, estamos arrodillados delante de Ti, para consagrarte todo nuestro vivir y actuar y te pedimos que nos concedas el poderoso auxilio de tus primeras criaturas. Así, guardados y guiados por ellos, podremos, en este tiempo, perseverar y cumplir nuestra misión.

 Por eso, envíanos a tus Ángeles
 -que tuviste en tu mente en tu amor creador 

Envíanos a tus Ángeles 
-que con el soplo de tu boca has creado primero

 Envíanos a tus Ángeles 
-que nunca te fueron infieles 

Envíanos a tus Ángeles
 -que en el principio lanzaron a Satanás al abismo

 Envíanos a tus Ángeles
 -que sin cesar contemplan tu rostro 

Envíanos a tus Ángeles
 -que día y noche están atentos a tus órdenes

 Envíanos a tus Ángeles 
-que administran toda la creación

 Y juntamente con San Miguel, el jefe de tus legiones celestes, queremos adorarte, amarte y, con ÉL, servirte solamente a Ti, pues nadie es como Tú, ¡oh Dios bueno, misericordioso y fiel!

 Señor JESUCRISTO, Tú eres el principio, la plenitud y el fin de toda la creación. Delante de Ti debe doblarse toda rodilla, en el cielo, en la tierra o en el abismo; porque por tu victoria en la Cruz todo está sometido a Ti. 
También nosotros nos postramos delante de Ti para implorar de tu misericordia la ayuda especial de tus ejércitos celestes, que constantemente están sirviéndote y luchando por Ti. 

Por eso envíanos a tus ejércitos, 
-porque nos redimiste por tu victoria en la Cruz 

Envíanos a tus ejércitos, 
-porque nos compraste con tu preciosísima Sangre 

Envíanos a tus ejércitos 
-porque diste tu vida por nosotros 

Por eso envíanos a tus ejércitos, 
-porque nos amaste hasta el fin 

Envíanos a tus ejércitos, 
-porque nos diste tu Palabra 

Envíanos a tus ejércitos, 
-porque nos prometiste la victoria de la Iglesia 

Y que San Gabriel, el mensajero de tu Encarnación, lleve también nuestro “hágase en mí” delante de tu trono, a fin de que también nosotros, conforme el ejemplo de María, nos tornemos portadores de tu Cuerpo y de tu Sangre y te sigamos donde quiera que nos conduzcas o envíes. 

ESPÍRITU SANTO, tú inflamaste nuestro corazón con el amor a tus poderosos servidores. 
Por eso, pedimos tu asistencia especial por medio de los Santos Ángeles, a fin de que nos conduzcan, ahora, como condujeron en el pasado a los Israelitas a través del Mar Rojo, para que, guiados por ellos, podamos regresar al Corazón del Redentor. 

Por eso, envía también Tú a tus Ángeles en nuestro auxilio 
-para que nos traigan tus doce frutos 

Envíalos en nuestro auxilio 
-para que nos transmitan tus siete dones 

Envíalos en nuestro auxilio 
-para que, por medio de ellos, crezcamos en la fe, esperanza y caridad 

Envíalos en nuestro auxilio 
-para que nos tornemos uno con ellos 

Envíalos en nuestro auxilio 
-para que, por medio de ellos, nos tornemos verdaderos adoradores de Dios Uno y Trino 

Envíalos en nuestro auxilio 
-para que luchen con gran fuerza espiritual con y por nosotros 

Envíalos en nuestro auxilio 
-para que protejan los doce portones de la Santa Iglesia (cf. Ap 21, 12-14). 
Y quiera San Rafael, con su flecha de amor, inflamar cada vez de nuevo nuestro corazón con la brasa del amor de Dios, para que podamos guardar “el misterio del Rey” (cf. Tb 12,7). 

María Inmaculada, Reina de todos los Ángeles, ya que están a tu servicio, une en tu ejército a estos ciervos tuyos, a fin de conseguir, también en la batalla presente, la victoria de Dios. 
Por eso nos refugiamos en Ti, nuestra Señora, Reina y Madre, y te suplicamos llenos de confianza: Mira nuestra miseria 
-y envíanos a tus Ángeles 

Escucha nuestra súplica 
-y ven en nuestro auxilio con tus Ángeles 

Quédate con nosotros en la lucha 
-con todos tus Ángeles 

Envía tus Ángeles, Virgen purísima 
-para que precipiten a satanás al abismo 

Ordena a tus Ángeles Madre Santísima 
-que alejen de nosotros a la serpiente antigua 

Ordena a tus Ángeles Reina Augustísima 
-que ahuyenten al gran dragón 

Y de la mano de nuestros Santos Ángeles de la guarda, queremos servirte eternamente, silenciando, escuchando y obedeciendo; pobres, puros y fieles.


Ahora ustedes, grandes y santos hermanos, que están delante de nosotros, nos colocamos confiadamente en sus manos.

A ustedes nos confiaron los cuidados del PADRE Celeste. El amor del Señor JESÚS los llamó a seguir a nuestro lado. Y el ESPÍRITU SANTO los entregó a María, su esposa, y Reina suya de modo que Ella los envíe en nuestro auxilio. 

Por eso, nosotros nos confiamos a ustedes, santos Serafines 
-y les damos todo nuestro amor. 

Nosotros nos confiamos a ustedes, santos Querubines 
-y les entregamos todas nuestras palabras. 

Nosotros nos confiamos a ustedes, santas Dominaciones 
-y les entregamos todos nuestros dones. 

Nosotros nos confiamos a ustedes, santas Potestades 
-y les entregamos todas nuestras luchas y tentaciones. 

Nosotros nos confiamos a ustedes, santos Principados 
-y les entregamos todo lo que tenemos. 

Nosotros nos confiamos a ustedes, santas Virtudes 
-y les entregamos todos nuestros talentos y virtudes. 

Nosotros nos confiamos a ustedes, santos Arcángeles
-y les entregamos todas nuestras obras. 

Nosotros nos confiamos a ustedes, santos Ángeles 
-y les entregamos nuestros sufrimientos y miserias. 

Todos ustedes ¡nueve coros de los Santos Ángeles! 

Nosotros les agradecemos por toda su ayuda y cuidados que cada día nos conceden, y les pedimos por la fuerza de la preciosísima Sangre de CRISTO, por las lágrimas de nuestra Madre, María Santísima y por el poder que recibieron de DIOS para socorrer a los hombres: 


Protejan a la Santa Iglesia en cada uno de sus portones contra todos los ataques de los enemigos para que la victoria redentora de CRISTO se manifieste. 

Enséñennos a ser vigilantes y a descubrir la gran batalla en la cual estamos envueltos, a fin de que ya no se pierda ninguna propiedad de DIOS por causa de nuestra falta de atención y somnolencia. 

Y hágannos ver, permanentemente, la gran meta que es el propio DIOS, el Santo, Fuerte, Inmortal: PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO, a Quien queremos, con ustedes, adorar eternamente en la Jerusalén celeste. 

Amén. 

Fray Ángelo, 
ORC – OSA 
Orden de los Canónigos Regulares de la Santa Cruz – Obra de los Santos Ángeles 
Con licencia eclesiástica